Desde hace ya algún tiempo, la
palabra "biocombustible" está en todas las
bocas. Los "biocombustibles" son nombrados
como los salvadores del problema energético
de la humanidad y del calentamiento global.
Las empresas prometen enormes ganancias y se
supone que contribuirán al desarrollo
económico de los países del Sur como México.
¿Llegó por fin una "era del oro verde" y
se ha conseguido salvar el clima?
¿Por fin podemos apretar el acelerador de
nuestros automóviles sin más preocupaciones
por el ahorro de energía?
La respuesta es sin duda: ¡No!
La electricidad y el calor de las
calefacciones que se producen a base de
aceite de palma, así como el "bioetanol" y
el "biodiesel" para el transporte no son
otra cosa que energía destructora de las
selvas tropicales y de las milpas de las
comunidades campesinas e indígenas. Los
"biocombustibles" aceleran el cambio
climático y además significan hambre para
millones de personas.
"Biocombustibles", "bioenergéticos", son
muchos los nombres que se les han dado,
hasta algunos se animan a denominarlos
"necrocombustibles"... Nosotros preferimos
llamarlos agrocombustibles y no
biocombustibles, porque el prefijo "bio"
significa vida y estas fuentes de energía
están más cerca de la destrucción de la
naturaleza y los campesinos que de la
vida....
1. ¿Qué son los agrocombustibles?
Por agrocombustibles se entiende
comúnmente a los portadores de energía
obtenidos de materias primas renovables,
como biomasa de plantas y animales. Con
ellos se puede por ejemplo alimentar
vehículos, calentar hogares y poner en
funcionamiento generadores de electricidad.
Los agrocombustibles se pueden dividir en
4 grupos:
- alcoholes como el etanol, que se
obtiene por ejemplo de la caña de azúcar,
maíz y cereales
- aceites de plantas: biodiesel de colza,
palma, soya, girasol, etc.
- biogás de materia orgánica, restos de
cosechas y estiércol.
- biomasa sólida y líquida como por
ejemplo aceites de plantas, fibras de
plantas, restos de madera, que son
utilizados solos o mezclados con
combustibles fósiles en centrales térmicas y
eléctricas.
2. ¿Qué tengo que ver yo con los
agrocombustibles como ciudadano o ciudadana?
En la actualidad, estos combustibles ya
se han extendido considerablemente. Muchos
ya los estamos utilizando, aún cuando no
seamos plenamente conscientes de ello. Con
ellos se alimenta automóviles, camiones y
generadores de electricidad, y en varios
países se calientan los hogares. Por
ejemplo, la Unión Europea (UE) ha
establecido porcentajes obligatorios para
los combustibles fósiles que se utilizan
actualmente en el transporte. Hoy en día
estos porcentajes son del 2%, pero serán
para el año 2010 de 5,75% y para el 2020
probablemente del 10%.
3. ¿Son los agrocombustibles ecológicos,
amigables con el medio ambiente y
sostenibles?
No. Su producción se hace a partir de
monocultivos agroindustriales. En estos se
utilizan grandes cantidades de abonos
sintéticos y pesticidas. El ser humano y el
medio ambiente resultan severamente
afectados por estos químicos. Además, para
su producción se utilizan cada vez más
plantas genéticamente modificadas que
también suponen muchos peligros, muchos de
ellos aún no conocidos para los seres
humanos y el medio ambiente, como la
potencial contaminación genética de plantas
nativas. También las provisiones de agua en
muchas regiones se encuentran gravemente
amenazadas. Producir agrocombustibles
agudiza la disputa entre el agua para
cultivar alimentos y las grandes cantidades
de agua que los agrocombustibles requieren.
4. ¿Son los agrocombustibles neutrales
para el clima y en cuanto a sus emisiones de
CO2?
No. Eso es imposible. Todo lo contrario.
La industria y los políticos utilizan trucos
y cálculos incompletos. En realidad, los
agrocombustibles aceleran el cambio
climático por las siguientes razones:
básicamente, el CO2 tomado por las plantas
de la atmósfera al crecer vuelve a liberarse
totalmente con la combustión del combustible
elaborado a partir de ellas. Antes de haber
monocultivos para agrocombustibles, sobre
las mismas superficies de tierra crecía otra
vegetación que fue sustituida. El CO2
almacenado en la biomasa de esta vegetación
es liberado cuando se elimina la misma para
dar lugar a los monocultivos. Por ejemplo,
para establecer plantaciones de palma, se
talan y queman bosques tropicales y regiones
como el sudeste de Asia y Sudamérica.
La destrucción de los bosques tropicales
es responsable de un 18% de las emisiones
perjudiciales para el clima, la agricultura
lo es de un 14% más. Cada tonelada de aceite
de palma producido sobre una zona de bosque,
determina la liberación de entre 10 a 30
toneladas de CO2. Estos bosques tropicales
son además un regulador importante del clima
mundial. Su destrucción lleva a más
calentamiento y sequía. Si su tala
sobrepasara una cantidad determinada de
superficies, esto podría afectar
drásticamente a todo el sistema biológico y
al clima.
Además, para el establecimiento de
monocultivos y para la producción de
agrocombustibles son necesarias grandes
cantidades de combustibles fósiles, para
mover las máquinas y vehículos, para
sembrar, cosechar, para el propio proceso de
producción y para el transporte de abonos,
pesticidas, cosechas, almacenamiento,
prensado, destilación, etc.
5. ¿Pueden los agrocombustibles
solucionar la amenazante crisis energética
de los seres humanos?
No, de ningún modo. Las plantas sólo
pueden convertir una pequeña parte de la
energía solar en biomasa. Por eso, para la
producción de este tipo de energía se
precisan superficies tan enormes de cultivo.
Para cubrir la demanda actual de la
humanidad, la superficie total de la tierra
tendría que ser cultivada con plantas para
la producción de energía. Sólo para
sustituir el 10 % de los combustibles a
nivel mundial, seria necesario dedicar cerca
del 9% de las tierras agrícolas del planeta,
eso seria 6,7 millones de km2, más de 3
veces el territorio de México.
El petróleo, el gas natural y el carbón
son biomasa fósil de plantas y animales
muertos. En un sólo siglo, la humanidad ha
gastado (mejor dicho, derrochado) una gran
parte de las reservas de energía fósil, que
se formaron a lo largo de 700 millones de
años. El biólogo Jeffrey Dukes ha calculado
que la energía fósil consumida cada año es
equivalente a la biomasa que crece a nivel
mundial sobre la tierra y en los océanos a
lo largo de 400 años.
6. ¿Con la introducción de
agrocombustibles ya no es necesario ahorrar
energía?
Nuestro abastecimiento de energía
continúa siendo dependiente de las fuentes
de energía fósil. Aunque enormes superficies
de cultivo ya han sido convertidas en
plantaciones para la producción de energía,
éstos sólo abastecen el 1% de la energía
necesaria para el transporte a nivel global.
Aunque la producción de agrocombustibles
siga creciendo, sólo podrá sustituir una
pequeña parte de la energía fósil.
Un manejo y ahorro eficiente de la
energía es ahora más importante que nunca.
Las empresas petroleras y la industria ganan
tanto con los combustibles fósiles como con
los renovables, y están interesadas en que
los consumidores continúen consumiendo mucha
energía.
7. ¿Significan los agrocombustibles una
ayuda para los pobres en los países en
desarrollo?
No. La mayoría de los campesinos en los
países en desarrollo sólo poseen pequeñas
propiedades. La producción de las pequeñas
parcelas no es rentable para los mercados
globales. Para producir agrocombustibles se
transforman grandes extensiones de tierras
en monocultivos. El negocio es de las
empresas y los grandes terratenientes.
Para extender las plantaciones, en muchos
lugares del mundo se está desplazando a los
campesinos e indígenas y sus tierras están
siendo tomadas. Esto sucede muchas veces de
manera forzosa y violando los derechos
humanos de estas personas. Ejemplos de esto
son los monocultivos de palma en Indonesia,
Malasia, Colombia y Ecuador, o los de soya
en Brasil, Argentina y Paraguay. Pueblos
indígenas completos ya han sido llevados al
borde de la desaparición. Además, los
salarios son excesivamente bajos y las
condiciones laborales en las plantaciones
pésimas. En Brasil, 200,000 personas
trabajan como esclavos en las plantaciones
de caña de azúcar de las que procede el
etanol.
8. ¿Los agrocombustibles rompen con el
círculo de poder de las industrias
petroleras, de energía eléctrica y
automovilística?
No, ya que las mismas empresas hace ya
tiempo que se han subido al tren y se
esconden detrás del actual crecimiento
mundial de la "bioenergía". Hay una especie
de "fiebre del oro verde", que ha creado
alianzas entre políticos, organizaciones
internacionales e industrias del ramo del
petróleo, química, agronegocio,
biotecnología y del automóvil. A éstas
pertenecen empresas como Shell, BP, Chevron,
ExxonMobil, Repsol-YPF, Petrobras, ADM,
Cargill, Bunge, Bayer, DuPont, BASF,
Monsanto, VW, General Motors y Ford entre
otras. Para todas ellas, el creciente
mercado mundial de los agrocombustibles
significa el aumento de sus ganancias
corporativas.
9. ¿Es verdad que los agrocombustibles no
tienen influencia sobre la producción de
alimentos?
Todo lo contrario. El crecimiento de los
"biocombustibles" ya ha tenido como
consecuencia una disminución de la
producción y encarecimiento de algunos
alimentos básicos. Los pobres no pueden
competir financieramente con los autos.
En todo el mundo hay mil millones de
personas hambrientas y más de 3 mil millones
de personas que viven por debajo del umbral
de la pobreza. Muchos de ellos deben
sobrevivir con 1 dólar (o menos) al día. Los
pobres en los países en desarrollo resultan
mucho más afectados que los habitantes de
los países industrializados. Para que
podamos seguir llenando nuestros tanques con
agrocombustibles, otras personas tienen que
morir de hambre. El cereal que transformado
en etanol serviría para llenar un sólo
tanque de un sólo automóvil grande, puede
alimentar a una persona durante un año
entero. Si el tanque de ese auto se llena
cada 2 semanas, el cereal utilizado podría
alimentar a 26 personas durante un año.
Por ejemplo en México, los precios del
maíz, el alimento básico de la población
pobre, se han más que duplicado en pocos
meses. Pero también en la UE se elevaron
notablemente los precios, por ejemplo de
aceites vegetales para la alimentación.
10. ¿Qué son los agrocombustibles de
segunda generación?
Prestigiosos científicos e institutos de
investigación han demostrado que el balance
de los agrocombustibles actuales es muy
malo. En muchos casos, se utiliza más
energía en su producción que la que se
obtiene al final. Si son posibles, es
gracias a subvenciones estatales. Empresas e
investigadores intentan entonces optimizar
el rendimiento y la eficiencia energética de
las plantas y patentar los procesos de
producción de "biocombustibles". Se pretende
obtener más agrocombustibles de la misma
superficie y de la misma cantidad de
biomasa. Hasta ahora, estas fuentes de
energía se vienen produciendo de azúcares o
aceites vegetales. Estas sustancias
constituyen sólo una pequeña parte de la
biomasa vegetal. La mayor parte es celulosa
y lignina. En el futuro, el etanol se podrá
producir también a partir de la celulosa de
las plantas y de la madera. Se piensa que la
riesgosa manipulación genética de árboles,
otras plantas y microbios, jugará aquí un
importante papel.
Todavía es incierto cuándo estarán
disponibles estos "biocombustibles" de
segunda generación. Hasta ahora se trata tan
sólo de un proyecto. La optimización de la
eficiencia energética es una cuestión
limitada técnica, física y biológicamente.
La demanda de grandes cantidades de biomasa
para agrocombustibles ha conducido a la
expansión de la producción sobre diferentes
ecosistemas y sobre los suelos más fértiles.
11. ¿Existen agrocombustibles
certificados de manera independiente?
No. En las llamadas Mesas Redondas se
intenta llegar a acuerdos entre la industria
de agrocombustibles, los dueños de las
plantaciones y otros interesados, pero hasta
la fecha no se ha llegado a más que palabras
vacías.
En la práctica, la certificación es algo
muy confuso, ya que la producción de
"bioenergéticos" se lleva a cabo de manera
extensiva e industrialmente, y tiene graves
consecuencias sociales y ecológicas. Entre
ellas se encuentran el desplazamiento muchas
veces forzoso de campesinos, el uso de
grandes cantidades de fertilizantes y
pesticidas, así como la ampliación de las
superficies de monocultivos a costas de la
producción de alimentos y de bosques
tropicales y ecosistemas naturales.
La cantidad de energía que puede ser
obtenida de la biosfera, sin causar daños
ambientales, tiene límites naturales. La
certificación no puede evitar estos límites
ni evitar la expansión de plantaciones para
la producción de agrocombustibles.
12. ¿Por qué entonces se habla tanto
sobre agrocombustibles?
El abastecimiento de energía es
estratégicamente importante. Hasta ahora se
han venido utilizando combustibles fósiles
como petróleo, gas y carbón, cuyas reservas
son limitadas y su extracción cada vez más
costosa. Ahora además, se producen
"biocombustibles" en los campos, los cuales
son vistos como un gran negocio.
Los países tropicales y subtropicales
juegan aquí un importante papel. Todo el año
tienen altas temperaturas y sol que
garantizan buenas cosechas. Las plantas
modificadas genéticamente garantizan el
monopolio por parte de trasnacionales. La
compra de tierras baratas, los sueldos bajos
y la inexistencia de leyes específicas o su
escasa aplicación para proteger a personas y
medio ambiente garantizan ganancias
fantásticas.
Políticos, organizaciones internacionales
y empresas están conformando ya a nivel
mundial alianzas para la implementación de
los "biocombustibles". Estos ofrecen la
posibilidad de no cambiar nada en el sistema
económico y de poder. Los combustibles
fósiles deben ser sustituidos por los
"biocombustibles" y los recursos naturales
explotados al máximo, mientras se sigue
derrochando energía al precio que sea,
especialmente a costas de los seres humanos
y el medio ambiente.
Es un escándalo que los gobiernos de los
países industrializados, entre ellos los de
la Unión Europea, promocionen este tipo de
política, y la justifiquen con toda clase de
argumentos engañosos y hasta falsos. En
realidad, se requiere de una Moratoria
inmediata para los agrocombustibles, como ya
lo solicitan numerosas organizaciones de la
sociedad civil alrededor del mundo.
13. ¿Qué papel juega México en esta
fiebre mundial por los agrocombustibles?
Calderón y los empresarios no quieren que
México quede atrás en la ejecución de los
dictados del agronegocio. La Secretaria de
Agricultura anunció que para 2012 México
contará con una superficie de 300 mil
hectáreas destinadas a la producción de
agrocombustibles. Esto significa que para
ese año habrá 300 mil hectáreas menos para
alimentar a las y los mexicanos, en un país
donde la creciente dependencia alimentaria
afecta de forma negativa a cada vez más
personas.
La política del gobierno de Felipe
Calderón acerca de los agrocombustibles no
es transparente. No se ha consultado al
poder legislativo, a la sociedad civil ni a
las comunidades afectadas. Sin embargo se
sabe que la planta Biocyclos, en Sinaloa,
del grupo Destilmex, ha recibido subsidios
estatales. Esta planta utilizará 300 mil
toneladas anuales de maíz de Sinaloa, para
exportar el etanol (30 millones de galones)
a California y Arizona. Además ya en breve
estarán también listas otras plantas en Los
Mochis y Guamúchil, Sinaloa. Las tres
estarían consumiendo anualmente casi un
millón de toneladas de maíz. También se
anunció la construcción de una planta de
etanol y dos de biodiesel en Chiapas, dos de
etanol en Michoacán y una de etanol en
Veracruz.
Las potencias económicas del mundo como
Estados Unidos y sus transnacionales están
presionando para que se produzcan
agrocombustibles en los países en vías de
desarrollo, y México no quiere quedarse
afuera. Pero los agrocombustibles no
representan ningún beneficio para el pueblo
mexicano. Es mas, hay estimaciones en torno
a cuánto sale producir un barril de
agrocombustible en México: un barril en base
a maíz cuesta 83 dólares, uno en base a caña
de azúcar 45 dólares, mientras que producir
un barril de petróleo cuesta 4.5 dólares en
México. Por ende, la apuesta por los
agrocombustibles es sólo posible con los
grandes subsidios directos e indirectos de
los gobiernos que los promocionan.
14. ¿Y qué hay de los agrocombustibles en
Chiapas?
Al iniciar su mandato, el gobernador del
estado de Chiapas, Juan Sabines, creo la
Comisión de Bioenergéticos, anunciando que
Chiapas se convertiría en el mayor productor
de agrocombustibles en México. Etanol a
partir de caña de azúcar, biodiesel con
aceite de palma africana y piñón, lubricante
para aviones a partir de la higuerilla,
todos estos cultivos ya se están dando en
Chiapas. En el municipio de Cintalapa, se
está trabajando sobre la Planta Procesadora
con Base en Piñón e Higuerilla del Complejo
Bioenergético de la Empresa Tecnasur. Hay
más plantas en construcción en el municipio
de Huehuetán, para la producción de etanol,
en el municipio de Villacorzo, y en
Amatenango de la Frontera.
Según fuentes del gobierno, estos
cultivos "no ponen en riesgo a los cultivos
para la alimentación ni a zonas forestales".
Sin embargo, cualquier cultivo que tenga
como fin su procesamiento para la obtención
de agrocombustibles se inscribe
necesariamente bajo la lógica de la
agroindustria: grandes superficies de
tierras fértiles cultivadas de forma
intensiva, con uso abundante de agrotóxicos,
contaminación de suelos y fuentes de agua.
Además, se ha constatado que la higuerilla y
el piñón son plantas invasoras -es decir,
que nacen espontáneamente, pudiéndose
convertir en plagas de los cultivos- y
tóxicas -pueden envenenar a los animales y
al ganado. Por ello, el cultivo de piñón fue
prohibido en algunas regiones de Australia.
Sin ir más lejos, la experiencia de los
agrocombustibles en Colombia abunda en
historias de desalojos, expulsión de
comunidades campesinas e indígenas de sus
tierras, destrucción y violencia en las
comunidades rurales. Allí, la palma de
aceite se cultiva en más de 50 mil
hectáreas, que antes se dedicaban a cultivos
para la alimentación del pueblo colombiano,
como el arroz. En Brasil, miles de hectáreas
de monocultivos de soya y caña de azúcar
para la producción de agrocombustibles están
acabando con la riqueza de los ecosistemas y
con la economía campesina, dando paso a las
transnacionales y la consecuente
concentración y privatización de tierras y
recursos naturales.
¿Queremos esto para México y Chiapas?
Sabemos que aunque se cultiven especies no
comestibles, esas tierras podrían dedicarse
a granos básicos y alimentos para satisfacer
el hambre creciente de las y los mexicanos.
Además, grandes extensiones de estos
cultivos implican el avance de la frontera
agropecuaria sobre los ecosistemas, causando
una deforestación masiva como la que está
ocurriendo en el Amazonas de Brasil. También
sabemos que el negocio de los
agrocombustibles se basa mayoritariamente en
el uso de semillas transgénicas, lo cual
representa, sobre todo en el caso del maíz,
una amenaza para nuestras especies criollas
o nativas.
15. ¿Y qué puedo hacer yo?
Las posibilidades son varias:
Información y Protesta: copiar y repartir
esta información a tus conocidos.
Organizar discusiones sobre el tema
agrocombustibles, informar a la opinión
pública sobre los problemas que ellos
implican.
Escribir a políticos y empresas y exigir que
no creen leyes para la introducción de los
"biocombustibles", que no los subvencionen y
que no los utilicen para alimentar plantas
de generación combinada de calor y
electricidad.
Apoyar a las comunidades que se oponen a los
agrocombustibles en los países en
desarrollo. Participar en las acciones de
protesta.
Cambiar el modo de vida y actuar de manera
ahorrativa y eficiente con la energía:
Utilizar en la medida de lo posible los
medios de transporte públicos o la
bicicleta, y cuando sea necesario utilizar
el automóvil, mejor un auto pequeño a
grandes vehículos o deportivos que utilizan
gran cantidad de combustible.
Prescindir de viajes y vuelos innecesarios,
evitar el uso del aire acondicionado o
reducir el calor de la calefacción en la
vivienda, aislar las viviendas para evitar
la pérdida de calor.
Comprar aparatos que ahorren energía, no
dejar los aparatos eléctricos en "modo de
espera".
Ahorrar materias primas y reciclar.
Ser exigente y responsable en cuanto al
consumo que llevamos a cabo en nuestra vida
diaria: qué consumimos, de dónde vienen los
productos y materias primas, cuál es su
costo real, teniendo en cuenta también su
costo social y ambiental en los países de
origen.
Comenzar a utilizar energía ambientalmente
amigable, como viento y energía solar.